Sólo Pedro
Sentado en la colina se encuentra Pedro, observa su pueblo que yace junto al mar, las casas de cartón no las ve mal, de cualquier manera el viento se las llevará, una lagrima lame su cara, no ve el final, se inclina por un abismo de soledad.
Llega el recolector de mariposas, hombre foráneo sin rostro ni religión, se postra ante sus ojos, no ve la condición, no entiende tantas cosas que el aire consigo lleva por detrás; es cuestionable su razón, viene con la marea, delante el corazón y detrás un saco de esperanza sin fondo, sin traición... se acerca a Pedro quien lo ve con extrañeza, lo ve de pies a cabeza, y el pionero sin hogar saca por detrás una pistola sin pensar, apunta a la frente de Pedro y lo hiere hasta matar.
El viajero continúa su camino, apunta al sol con la cabeza en alto, para no equivocar el paso, no se fija al caminar, una barba entrecortada y la mirada firme son parte de su andar, sus ojos sostienen un extraño sentimiento de justicia, de igualdad.
Abriendo paso va al encuentro de una ilimatada frontera, acude al llamado de dragones para matar doncellas a su paso, aplastando presidentes y diputados, atendiendo encendidos corazones derrumbados ¿quien es éste forajero de caminar apresurado?
Llega a México, sin dudar el corazón no da más, el plomo hiere los vientres, los más enterrados, Pedro solo fija su vista al mar, una vez más...
Llega el recolector de mariposas, hombre foráneo sin rostro ni religión, se postra ante sus ojos, no ve la condición, no entiende tantas cosas que el aire consigo lleva por detrás; es cuestionable su razón, viene con la marea, delante el corazón y detrás un saco de esperanza sin fondo, sin traición... se acerca a Pedro quien lo ve con extrañeza, lo ve de pies a cabeza, y el pionero sin hogar saca por detrás una pistola sin pensar, apunta a la frente de Pedro y lo hiere hasta matar.
El viajero continúa su camino, apunta al sol con la cabeza en alto, para no equivocar el paso, no se fija al caminar, una barba entrecortada y la mirada firme son parte de su andar, sus ojos sostienen un extraño sentimiento de justicia, de igualdad.
Abriendo paso va al encuentro de una ilimatada frontera, acude al llamado de dragones para matar doncellas a su paso, aplastando presidentes y diputados, atendiendo encendidos corazones derrumbados ¿quien es éste forajero de caminar apresurado?
Llega a México, sin dudar el corazón no da más, el plomo hiere los vientres, los más enterrados, Pedro solo fija su vista al mar, una vez más...