jueves, mayo 19, 2005

Sólo Pedro

Sentado en la colina se encuentra Pedro, observa su pueblo que yace junto al mar, las casas de cartón no las ve mal, de cualquier manera el viento se las llevará, una lagrima lame su cara, no ve el final, se inclina por un abismo de soledad.

Llega el recolector de mariposas, hombre foráneo sin rostro ni religión, se postra ante sus ojos, no ve la condición, no entiende tantas cosas que el aire consigo lleva por detrás; es cuestionable su razón, viene con la marea, delante el corazón y detrás un saco de esperanza sin fondo, sin traición... se acerca a Pedro quien lo ve con extrañeza, lo ve de pies a cabeza, y el pionero sin hogar saca por detrás una pistola sin pensar, apunta a la frente de Pedro y lo hiere hasta matar.

El viajero continúa su camino, apunta al sol con la cabeza en alto, para no equivocar el paso, no se fija al caminar, una barba entrecortada y la mirada firme son parte de su andar, sus ojos sostienen un extraño sentimiento de justicia, de igualdad.

Abriendo paso va al encuentro de una ilimatada frontera, acude al llamado de dragones para matar doncellas a su paso, aplastando presidentes y diputados, atendiendo encendidos corazones derrumbados ¿quien es éste forajero de caminar apresurado?

Llega a México, sin dudar el corazón no da más, el plomo hiere los vientres, los más enterrados, Pedro solo fija su vista al mar, una vez más...

lunes, mayo 16, 2005

Ya no hay más

Cuando miles de cuchillas apuntan a mis ojos, estoy dispuesto a valorar un segundo de belleza, bajo ésta tormenta de colores que cae rendida ante mis pies, y yo que solo soy un manojo de ser humano tengo ésta cualidad, por un pequeño momento, de ver.

Y vuelo como un águila real, esplendoroso desde el mas allá, para realizarme viendo el sur de mi país, sus bellos estados y su exquisita y extensa vegetación, su gente calurosa pero que tiene un sentimiento de desconfianza, que solo lo puedo equiparar con aquellos motivos del lobo, que tuvo que matar para sobrevivir, tal cual lo hacemos con la selva, los animales, los pueblos que aun conservan una identidad mexicana; ¡un momento! pero si esto no lo hacemos por sobrevivir, no lo hacemos por hambre, por sed, por defender algunas crías de una adversidad, simplemente lo hacemos por un mundano deseo de ambición, por la pelea de un territorio que ahora parece que los políticos creen suyo, al grado de venderlo a España, Bélgica, y demás fuentes de inversión extranjera, que solo necesitan de un buen ciudadano verde para obtener un permiso y deforestar nuestro tesoro, que solo necesitan de unas leyes vagas para explotar a trabajadores 100% mexicanos y así saciar su apetito voraz para llenarse los bolsillos y asegurar a por lo menos 10 generaciones sin trabajar. ¡¿Porqué lo hacen?! ¿No son mexicanos como yo? ¿No les llena de orgullo ver una tierra sobre la cual nacimos y un águila devorando una serpiente bajo donde hemos crecido?

De verdad no entiendo, me siento en un mal cuento bizarro, como si lo hubiera escrito Carlos Cuahutémoc; de verdad, ni mi mas profunda maldad alcanza a comprender los alcances de estos políticos desgraciados carentes de todo sentido de servicio, y mucho menos comprendo quien los ha puesto ahí; por que dejeme comentarle que por ahí me dijeron que fuimos nosotros, el pueblo, quien los tiene en ese lugar, en esa curul, alimentándose como unas sanguijuelas voraces dispuestas a desangrar hasta el último rincón de México para así acrecentar sus cuentas bancarias.

Disculpe mi ira querido amigo lector, pero como me gustaría aplicarles un extraño castigo Hitleriano, o ya de menos, alguno castigo medieval donde de verdad supieran en cada segundo de su agonía, en cada pequeño momento donde pierden algo de conciencia por que la sangre ya no circula igual por sus cuerpos, porque estan cayendo a un abismo manchando los ideales de los que jamas fueron participes, y así ver sus rostros y preguntarles... ¿Porqué lo has hecho? y saber, que las últimas palabras que emanaran sus labios, serán mentiras, como siempre, y así verlo morir en la inmundicia de su lengua, como todo su ser.

Y es que conozco mucha gente, tantos que queremos el suelo en el que hemos nacido, pero que tantas veces, quisieramos nunca haber existido bajo éste mando, bajo ésta calaña de bandidos y partidistas que solo sirven para cubrir unos a otros, que sólo saben organizar marchas y aumentar la deuda, que solo saben, o quiza que no saben, todo lo que sufrirán nuestros hijos.

Sigo volando bajo ésta bandera que no puede más, a veces creo... que ya no puede más...

martes, mayo 10, 2005

El pirata de los mares...

Miles de cuhillos apuntan a mis ojos, una tormenta de estrellas cae dentro del oceano, y las metas no son las mismas, por que todo parece indicar que se ha cambiado el rumbo, aquel camino sinuoso por el que mi caminar bajo un árbol, una lluvia, un rayo, todo lo hacía tenebroso, no está mal, pero indica plenamente un nuevo fracaso y un viaje que a final de cuentas terminaría mal.

Me pierdo en una nube, en donde creo que estará la respuesta, pero lo malo es que aún no se la pregunta, ¿por que dentro del espirítu humano existe una interminable búsqueda de respuestas que no queremos conocer? No me lo explico, en ocasiones quisiera ser un romántico incurable que sabe todas las respuestas que nos han dado en la mano, las religiones, los escritores, alguno que otro libro, etc. Pero no puedo hacerlo.

Me inscribo en un carrusel que no hace mas que dar vueltas en una misma dirección, ¿es eso diversión?, creo que no lo es, pero estoy ahí, arriba de una quimera buscando un elixir para esta maldita depresión de la que soy víctima, no busco un antídoto, quiero aunque sea un sedante para ser usado, para escapar efímeramente dentro de un rayo de luz, como si prendiera un arcoiris por la cola para que me lleve a su lugar de origen, donde existe la capacidad de desaparecer dentro de una selva de concreto, y volver a aparecer en un hermoso bosque encantado por detras de una cascada.

Como quisiera volar, encontrarme en un enorme barco pirata, dirigiendo a una tripulación de embravecidos marineros cuya lealtad no la compran otros aventureros de los mares, con una agilidad sin igual para el metal y el fuego, encontrando misteriosos tesoros y anclando cerca de bares donde tomaría vino despertando la envidia del mismo Báco, hasta terminar descansando de nueva cuenta en mi barco.

Vivir de mar en mar, conquistando antiguas culturas y rompiendo con esquemas de los que somos víctimas por el hecho de tener carácter, simplemente sobreviviendo.
silvio rodriguez
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