Ya no hay más
Cuando miles de cuchillas apuntan a mis ojos, estoy dispuesto a valorar un segundo de belleza, bajo ésta tormenta de colores que cae rendida ante mis pies, y yo que solo soy un manojo de ser humano tengo ésta cualidad, por un pequeño momento, de ver.
Y vuelo como un águila real, esplendoroso desde el mas allá, para realizarme viendo el sur de mi país, sus bellos estados y su exquisita y extensa vegetación, su gente calurosa pero que tiene un sentimiento de desconfianza, que solo lo puedo equiparar con aquellos motivos del lobo, que tuvo que matar para sobrevivir, tal cual lo hacemos con la selva, los animales, los pueblos que aun conservan una identidad mexicana; ¡un momento! pero si esto no lo hacemos por sobrevivir, no lo hacemos por hambre, por sed, por defender algunas crías de una adversidad, simplemente lo hacemos por un mundano deseo de ambición, por la pelea de un territorio que ahora parece que los políticos creen suyo, al grado de venderlo a España, Bélgica, y demás fuentes de inversión extranjera, que solo necesitan de un buen ciudadano verde para obtener un permiso y deforestar nuestro tesoro, que solo necesitan de unas leyes vagas para explotar a trabajadores 100% mexicanos y así saciar su apetito voraz para llenarse los bolsillos y asegurar a por lo menos 10 generaciones sin trabajar. ¡¿Porqué lo hacen?! ¿No son mexicanos como yo? ¿No les llena de orgullo ver una tierra sobre la cual nacimos y un águila devorando una serpiente bajo donde hemos crecido?
De verdad no entiendo, me siento en un mal cuento bizarro, como si lo hubiera escrito Carlos Cuahutémoc; de verdad, ni mi mas profunda maldad alcanza a comprender los alcances de estos políticos desgraciados carentes de todo sentido de servicio, y mucho menos comprendo quien los ha puesto ahí; por que dejeme comentarle que por ahí me dijeron que fuimos nosotros, el pueblo, quien los tiene en ese lugar, en esa curul, alimentándose como unas sanguijuelas voraces dispuestas a desangrar hasta el último rincón de México para así acrecentar sus cuentas bancarias.
Disculpe mi ira querido amigo lector, pero como me gustaría aplicarles un extraño castigo Hitleriano, o ya de menos, alguno castigo medieval donde de verdad supieran en cada segundo de su agonía, en cada pequeño momento donde pierden algo de conciencia por que la sangre ya no circula igual por sus cuerpos, porque estan cayendo a un abismo manchando los ideales de los que jamas fueron participes, y así ver sus rostros y preguntarles... ¿Porqué lo has hecho? y saber, que las últimas palabras que emanaran sus labios, serán mentiras, como siempre, y así verlo morir en la inmundicia de su lengua, como todo su ser.
Y es que conozco mucha gente, tantos que queremos el suelo en el que hemos nacido, pero que tantas veces, quisieramos nunca haber existido bajo éste mando, bajo ésta calaña de bandidos y partidistas que solo sirven para cubrir unos a otros, que sólo saben organizar marchas y aumentar la deuda, que solo saben, o quiza que no saben, todo lo que sufrirán nuestros hijos.
Sigo volando bajo ésta bandera que no puede más, a veces creo... que ya no puede más...
Y vuelo como un águila real, esplendoroso desde el mas allá, para realizarme viendo el sur de mi país, sus bellos estados y su exquisita y extensa vegetación, su gente calurosa pero que tiene un sentimiento de desconfianza, que solo lo puedo equiparar con aquellos motivos del lobo, que tuvo que matar para sobrevivir, tal cual lo hacemos con la selva, los animales, los pueblos que aun conservan una identidad mexicana; ¡un momento! pero si esto no lo hacemos por sobrevivir, no lo hacemos por hambre, por sed, por defender algunas crías de una adversidad, simplemente lo hacemos por un mundano deseo de ambición, por la pelea de un territorio que ahora parece que los políticos creen suyo, al grado de venderlo a España, Bélgica, y demás fuentes de inversión extranjera, que solo necesitan de un buen ciudadano verde para obtener un permiso y deforestar nuestro tesoro, que solo necesitan de unas leyes vagas para explotar a trabajadores 100% mexicanos y así saciar su apetito voraz para llenarse los bolsillos y asegurar a por lo menos 10 generaciones sin trabajar. ¡¿Porqué lo hacen?! ¿No son mexicanos como yo? ¿No les llena de orgullo ver una tierra sobre la cual nacimos y un águila devorando una serpiente bajo donde hemos crecido?
De verdad no entiendo, me siento en un mal cuento bizarro, como si lo hubiera escrito Carlos Cuahutémoc; de verdad, ni mi mas profunda maldad alcanza a comprender los alcances de estos políticos desgraciados carentes de todo sentido de servicio, y mucho menos comprendo quien los ha puesto ahí; por que dejeme comentarle que por ahí me dijeron que fuimos nosotros, el pueblo, quien los tiene en ese lugar, en esa curul, alimentándose como unas sanguijuelas voraces dispuestas a desangrar hasta el último rincón de México para así acrecentar sus cuentas bancarias.
Disculpe mi ira querido amigo lector, pero como me gustaría aplicarles un extraño castigo Hitleriano, o ya de menos, alguno castigo medieval donde de verdad supieran en cada segundo de su agonía, en cada pequeño momento donde pierden algo de conciencia por que la sangre ya no circula igual por sus cuerpos, porque estan cayendo a un abismo manchando los ideales de los que jamas fueron participes, y así ver sus rostros y preguntarles... ¿Porqué lo has hecho? y saber, que las últimas palabras que emanaran sus labios, serán mentiras, como siempre, y así verlo morir en la inmundicia de su lengua, como todo su ser.
Y es que conozco mucha gente, tantos que queremos el suelo en el que hemos nacido, pero que tantas veces, quisieramos nunca haber existido bajo éste mando, bajo ésta calaña de bandidos y partidistas que solo sirven para cubrir unos a otros, que sólo saben organizar marchas y aumentar la deuda, que solo saben, o quiza que no saben, todo lo que sufrirán nuestros hijos.
Sigo volando bajo ésta bandera que no puede más, a veces creo... que ya no puede más...
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